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Del silencio a la palabra

Nombre del Autor: Sara Beatriz Guardia

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sarabe@amauta.rcp.net.pe

Palabras clave: infancia, identidad, liberación

Minicurrículo:   Periodista y escritora. Es autora de: Mujeres Peruanas. El otro lado de la Historia (Lima: Editorial Minerva, 1995. 3º Edición) y Voces y cantos de las mujeres (Lima: Punto y Línea, 1999), libro que reúne ensayos sobre historia, democracia y literatura, así como entrevistas a destacadas escritoras. Actualmente dirige el Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina, CEMHAL.

Resumo: A posição marginal das mulheres e a complexidade da sociedade peruana aparecem em Ximena de dos mundos, de Laura Riesco através da visão de uma menina, que transita por este universo cheio de dificuldades e desafios na exploração de seu mundo interior, convertendo-se, assim, na busca de sua própria identidade no vasto caminho que deverá percorrer para conseguir finalmente sua liberação através da palavra.

Resumen: La posición marginal de las mujeres y la complejidad de la sociedad peruana aparecen en Ximena de dos mundos de Laura Riesco desde la visión de una niña, que transita por este universo sorteando dificultades y retos en la exploración de su mundo interior, convirtiendo así la búsqueda de su propia identidad en el largo camino que deberá recorrer para lograr finalmente su liberación a través de la palabra.

Subir La literatura latinoamericana contemporánea presenta en la actualidad una gran vitalidad, pero sobre todo un aspecto que está transformando la historia cultural de nuestro continente y es la presencia de un número significativo de mujeres escritoras. De todas ellas se podría decir que ejemplifican la amplia gama del discurso femenino, entre otras: Isabel Allende, María Luisa Bombal, Clarice Lispector, Angeles Mastretta, Elena Poniatowska y Laura Esquivel. Si antes el registro trágico y lúdico de la vida y obra de las escritoras, lo permitido y lo que obliga al silencio a través de la literatura y la biografía, estuvo circunscrito a la anécdota o al escándalo, en la actualidad la narrativa escrita por mujeres tiene como signo una identidad que se presenta a través de las diferentes formas de representación que asume la pluralidad de las voces literarias femeninas.

Voces que han emergido del silencio y de una larga lucha que tuvieron que librar las mujeres para imponerse en una sociedad que les negaba el derecho de incursionar en aquello que siempre había sido reservado a los hombres: la literatura. Incluso, hasta las primeras décadas del presente siglo, se consideraba como más adecuado el desarrollo de un yo lírico para la expresión de su subjetividad(1). A través de la poesía las mujeres podían expresar sus sentimientos más íntimos sin temor a la marginación, y sin depender "como las demás de su tiempo, de su sociedad y de su educación"(2). Hecho por demás refrendado por los ideólogos y escritores de la época, que como Pedro Henríquez Ureña, se explicaban la ausencia de mujeres del importante movimiento literario del siglo pasado, aduciendo que "probablemente fue demasiado impersonal para ellas"(3).

Subir Pero, a pesar del discurso hegemónico masculino, en la segunda mitad del siglo XIX aparecieron las primeras novelistas. El rechazo que sufrieron estas mujeres hay que buscarlo en sus vidas y en sus obras, publicadas con tenacidad y enfrentadas a los innumerables obstáculos que tuvieron que vencer. Aunque este trabajo no pretende ser comparativo, es probable que como en el caso peruano, en otras sociedad latinoamericanas la revalorización del papel de la educación femenina haya dado también lugar al surgimiento de revistas dirigidas y escritas por mujeres, clubes literarios donde se debatían los problemas de la época, y a una importante presencia femenina en la literatura.

Sin embargo, la educación que la sociedad fomentaba para las mujeres estaba más en concordancia con el estereotipo "femenino" que con la aceptación de su incursión en la literatura. Francisco de Paula González Vigil, en su obra titulada Importancia del bello sexo publicada en 1858, sostenía que era necesario que se mantuviera a la mujer sometida al marido, como una forma de protegerla de los clérigos inescrupulosos. Esta imagen de la mujer como un ser débil e incompleto que requiere ser protegido, está corroborada por otros autores que escribieron sobre la educación femenina, como Mariano Amézaga que en su obra La Educación de la mujer (1864) abogaba por una ilustración mayor para que así pueda desempeñarse mejor como madre y esposa.

En esas condiciones, fueron escasas las mujeres que se atrevieron a escribir, y las revistas que fundaron, a menudo ridiculizadas, tuvieron una influencia muy limitada. "La Alborada", cuyo nombre nos sugiere el anhelo de estas mujeres, fue el primer semanario literario creado en Lima 1874, por Juana Manuela Gorriti, Rosa Mercedes Riglos y Juana Rosa Amézaga. Quienes también dirigieron "El Album. Revista semanal para el bello sexo", conjuntamente con Carolina Freire de Jaimes, que tuvo un mayor número de colaboradoras, entre las que destacan: Juana Manuela Lazo de Eléspuru, Mercedes Cabello, Manuela Villarán de Plascencia, Manuela Márquez y Leonor Sauri(4).

La primera en señalar los obstáculos que debían vencer las mujeres para transitar por oficios "naturalmente masculinos", como la literatura y el periodismo, fue la educadora Elvira García y García. Frente al discurso predominante que planteaba que la mujer no podía, ni debía, entregarse a otra tarea que no fuera la de su hogar, señala que algunas se plegaban resignadamente a este principio y vegetaban en el interior del hogar dedicada a labores insignificantes; otras no publicaban sometidas "aunque de mala gana, al criterio dominante, esto es, que la mujer no debe ser escritora"(5)

La oposición predominante del rol intelectual de la mujer, alcanzó también a las mujeres. Por ejemplo, la educadora Teresa González de Fanning, sostenía que si era verdad, según los críticos intransigentes, que la mujer podía descuidar la atención de los hijos y el gobierno del hogar para dedicarse a la actividad intelectual, "razón les sobraría para anatemizar a las literatas, y nosotras seríamos las primeras en ponernos de su parte"(6)

Subir En ese clima de intolerancia, surgieron dos grandes figuras femeninas: Mercedes Cabello de Carbonera (1845-1909) y Clorinda Matto de Turner (1854-1909). Ambas novelistas, contestatarias, rebeldes, viudas desde muy jóvenes, y con la misma osadía para enfrentarse a la sociedad conservadora de entonces. También, ambas tuvieron un final trágico el mismo año, Clorinda Matto de Turner murió exilada, excomulgada y sola en Buenos Aires. Y Mercedes Cabello de Carbonera murió en un sanatorio para enfermos mentales. Es probable que el exilio, la demencia - o exceso de lucidez - , haya sido el precio que tuvieron que pagar por escribir. Este hecho no es una excepción entre las mujeres que lucharon por abrirse un espacio en la literatura; por ejemplo, entre las escritoras mexicanas de hace cuarenta años abundan vidas trágicas e historias desgarradoras. Aunque no hay suicidios, sí hay internamientos en el manicomio como el de Inés Arredondo y Elena Garro. Ninguna de estas dos escritoras ocultó el hecho; por el contrario, a través de sus obras expresaron la angustia del silencio y de la incomunicación, en definitiva, del destierro. Según Elena Poniatowska las escritoras de este período eran locas o suicidas(7).

Sin embargo, todos coinciden en la actualidad que la novela realista la inició en el Perú Mercedes Cabello de Carbonera con sus obras Las consecuencias y Blanca Sol, en las que se advierte la influencia de Balzac y Stendhal. Al referirse a ella, Ventura García Calderón dice que "es preciso llegar a Mercedes Cabello de Carbonera para tener la verdadera novela peruana, arte y casi nunca libelo; aunque esta mujer privilegiada dejara ver con influencia su vocación de pedantería. La pedantería es difícil de evitar cuando en un medio de mujeres sin cultura se tiene talento y erudición"(8).

Mercedes Cabello nació en Moquegua en 1845, y a los 20 años se casó Urbano Carbonera, un prestigiado médico. Empezó a escribir artículos en las revistas: "Correo del Perú" y "Revista de Lima", y en 1879, publicó su conocido ensayo "Perfeccionamiento de la educación de la mujer", donde afirmó que la emancipación e instrucción de las mujeres beneficiarían a la sociedad, puesto que "la instrucción y la moralidad de las mujeres ha sido en todo tiempo el termómetro que ha marcado los progresos y el grado de civilización y virilidad de las naciones"(9).

Fue una tenaz opositora del rol que la educación tradicional le asignaba a la mujer y combatió con extraordinaria fuerza la pasividad e inacción a la que estaba condenada: "¡Triste destino el que le deparan a la mujer nuestras sociedades!. ¡Convertirla en un instrumento, en un objeto indispensable para la diversión, y la alegría de los demás! ¡Educación bárbara!(10). Para que se produjera el necesario cambio del sistema educativo, sostuvo que era condición indispensable la transformación de la sociedad y de las mismas mujeres, aunque este proceso por su dimensión fuera superior a sus fuerzas: "...y nos sentimos débiles e impotentes para acometer una empresa que sabemos, que por su magnitud, es de aquellas que necesitan la acción lenta del tiempo, y sobre todo de ese fruto amargo que sólo se cosecha después de muchos trastornos y vicisitudes en la vida social, que se llama: experiencia"(11)

No obstante, la conquista de los derechos políticos de la mujer no tuvo para ella una significativa importancia, puesto que no le asignaba a la política una consideración ética y anteponía a la "fuerza bruta del poder de las armas", "la fuerza moral y las leyes de la justicia y la humanidad". Sólo entonces, planteaba, la mujer no tendrá la necesidad de conquistar esos derechos"(12). Esta escritora de notable lucidez intelectual, sufrió las críticas de una sociedad que no le perdonó la exhibición de sus flaquezas y mezquindades. Se defendió con altanería, orgullosa de su destino y de su obra, pero al final de su vida la confusión y la demencia la vencieron.

Subir Clorinda Matto nació en el Cusco en 1854 y desde muy joven colaboró en diarios de la época como "El Heraldo", "El Mercurio", "El Ferrocarril" y "El Eco de los Andes". Casada con el medico inglés John Turner, enfiló sus más agudos ataques contra el clero, y sufrió diatribas de parte de éste sobre todo cuando al enviudar en 1884, desempeñó en Arequipa el cargo de jefe de redacción del diario "La Bolsa", y escribió su primer tratado "Literatura según el Reglamento de Instrucción Pública. Para uso del Bello Sexo".

Se estableció en Lima en 1886 y durante tres años después dirigió "El Perú Ilustrado". En su primer editorial como directora del mencionado diario, señaló la necesidad de llegar a una literatura "peruanista", objetivo que ella misma confirmó con la publicación de Aves sin nido (1889), donde denuncia el abuso y maltrato que sufrían los indios. En el prólogo, Emilio Gutiérrez de Quintanilla señala que esta obra constituye una "revelación del estado social vergonzoso y alarmante en que se halla este pueblo numeroso que en la región andina ocupa la mayor parte del territorio peruano"(13)

"Quien libertará al indio?. Es la pregunta que se hace Clorinda Matto en Aves sin nido. Y, ella misma la deja sin respuesta a través de este diálogo: "Así que Ud. ha libertado a Isidro Chambi; ¡Oh! Y ¿quién libertará a toda su desheredada raza?. ¡Esta pregunta habría que hacerla a todos los hombres del Perú, querido amigo"(14). Su defensa de los indios fue una constante de su vida y de su obra, así como el enfrentamiento que sostuvo con la Iglesia. "Ataco zonas muy sensibles del sistema ideológico de los grupos de poder más tradicionales, en especial de la Iglesia, y reafirmó de esta manera el sentido esencialmente crítico de (su) narrativa"(15). Por ello, fue exilada a la Argentina donde murió en 1909.

Pero en las novelas, tanto de Clorinda Matto de Turner como de Mercedes Cabello de Carbonera, no se perfiló un yo femenino literario ni sus personajes femeninos se miraban a si mismos. Hay que tener en cuenta que ambas irrumpieron en el último tercio del siglo XIX, coincidiendo con una coyuntura significativa para el país cuando se empezaban a bosquejar las bases de una incipiente modernización de la sociedad peruana. Su reto fue abandonar la reclusión doméstica y ejercer funciones directivas en la cultura y el periodismo. Al asumir una posición definida en el proceso de transformación del país denunciaron el carácter anacrónico del paternalismo predominante, "y reclamaron la adopción de un liberalismo basado en la expansión de la cultura popular y orientado hacia las formas practicas de la convivencia(16)", por lo que pagaron un alto precio.

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Un largo y difícil camino

A partir de la década del veinte, la sociedad peruana empieza a cambiar. Son los años del surrealismo, de la "Quimera de Oro" de Chaplin y de "El acorazado Potemkin" de Eisestein; surgen nuevas corrientes literarias y artísticas, y en 1926, José Carlos Mariátegui funda la revista Amauta, que él mismo define de doctrina, arte, literatura y polémica, desde una perspectiva crítica y de vanguardia. Al referirse a la etapa literaria que se inaugura en la década del veinte, Mariátegui declara enfáticamente: "En la historia de nuestra literatura, la Colonia termina ahora. El Perú, hasta esta generación, no se había aún independizado de la Metrópoli. Algunos escritores, habían sembrado ya los gérmenes de otras influencias. (...) Pero todavía duraba lo fundamental del colonialismo: el prestigio intelectual y sentimental del Virreinato. Había decaído la antigua forma; pero no había decaído igualmente el antiguo espíritu. Hoy la ruptura es sustancial"(17)

La revista Amauta expresa esa ruptura, el movimiento de renovación interesado por el surrealismo y las vanguardias europeas. Por lo mismo abrió sus páginas a los poetas y artistas que representaron ese cambio, incluso de aquellos que se auto calificaban de manera distinta, como Martín Adán que se decía: "reaccionario, clerical y civilista". A poetas hasta entonces desconocidos como: José María Eguren, Xavier Abril, Emilio Adolfo Westphalen, Cesar Moro, Carlos Oquendo de Amat y Enrique Peña Barrenechea. También a Cesar Vallejo, aunque a diferencia de los anteriores, Vallejo ya había publicado en 1922 un poemario titulado "Trilce", palabra inventada por él, mezcla de triste y dulce. Lo que acoge, pues, Amauta, es simplemente la libre creación artística que, "al emanar de un rechazo a los estereotipos de una tradición literaria fosilizada, tiene indirectamente una proyección política renovadora, y, podríamos decir, revolucionaria"(18).

Pero en la década del veinte, no solo aparecen nuevas propuestas artísticas y estéticas, las mujeres irrumpen en el campo literario, proclaman su derecho a ser escuchadas y desafían a la sociedad. Cambian el suave vals por el charleston, se cortan los cabellos y se despojan de sus largos trajes. "En vano, escribe María Wiesse, han vociferado los moralistas contra la mutilación del cabello femenino y contra la falda, que descubre toda la pierna (...) En vano los poetas han llorado sobre "las trenzas de oro o de ébano", que caían al suelo bajo la tijera cruel. (...) En este siglo de campeonas de tenis y natación, de electoras, oficinistas, periodistas y abogadas, resultaban anacrónicos e incómodos el cabello y el traje largo"(19).

No hay un solo número de la revista en que no aparezcan artículos, poemas, cuentos y comentarios de libros de las más destacadas mujeres de la década del veinte. Sin embargo, la presencia más relevante es la de las poetisas, creadoras de la talla de Magda Portal, Gabriela Mistral, Ada Negri, Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou y Blanca Luz Brum. Como señala Virginia Woolf uno de los obstáculos para la escritura femenina es la dificultad de decir la verdad sobre sus propias experiencias porque esto significa rechazar la imagen de la mujer pura e ideal y explorar francamente la sexualidad y el inconsciente(20). Es manifestar sus propios deseos antes que adherirse a las opiniones y deseos de los demás. Y este es, precisamente, el aspecto sustancial en la poesía escrita por mujeres de ese período: la sensualidad, el amor, la ansiedad y el deseo, expresados sin temor ni vergüenza.

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En los 7 Ensayos, Mariátegui dice que con el advenimiento de Magda Portal le ha nacido al Perú su primera poetisa, pues hasta su aparición sólo habían surgido mujeres de letras. "Magda Portal es, casi siempre, la poetisa de la ternura, exenta de egolatría y de narcisismo romántico", dice. "Pero ni piedad, ni ternura solamente, (...)En su poesía nos da, ante todo, una límpida versión de sí misma. No se escamotea, no se mistifica, no se idealiza. Su poesía es su verdad. Magda no trabaja para ofrecernos una imagen aliñada de su alma en ´toilette´ de gala"(21). En efecto, fue una mujer combativa que estando en México deportada fundo con otros políticos el Partido Aprista, al que renunció en 1949 por la discrepancia con Haya de la Torre que se oponía al sufragio femenino.

Un aspecto que también nos revela la importante producción intelectual de estas mujeres es la sección Libros y revistas de la revista Amauta. Allí, Carmen Saco, Angela Ramos, Magda Portal, Blanca Luz Brum y María Wiesse, publican reseñas, comentarios y críticas. Así como también varios escritores se refieren a obras publicados por escritoras peruanas y de otros países. Martín Adán, comenta el libro de Graziella Garbalosa. Una mujer que sabe mirar (No.11); Armando Bazán, Glosas Franciscanas de María Wiesse (No. 2 ). Ricardo Martínez de la Torre, habla con emoción del libro de Nydia Lamarque Elegía del Gran Amor; J.C. Welker comenta los libros de Blanca Luz Brum, Impresiones y Levante (No. 4). Alberto Guillen, critica el libro de Angélica Palma, Tiempos de la patria vieja (No. 6). Y, Xavier Abril, escribe sobre el libro de Ernestina de Champourcin Ahora (No. 18).

La voluntad de Amauta orientada con extraordinaria lucidez a ocupar un lugar en la historia y en la cultura peruanas, no estuvo circunscrita al ámbito nacional. Su propósito de "crear un Perú nuevo dentro de un mundo nuevo", se inscribe en el contexto de la cultura universal. En esa perspectiva, no son pocos los comentarios que las escritoras publican respecto de autores extranjeros. Dora Mayer de Zulen, se refiere al libro de la escritora alemana, Leonore Niessen Deiters, Ricardo Wagner y Matilde Wesendonk; María Wiesse, comenta Las mujeres y el Estado Soberano de A. Maude Royden (No. 1), y Faits divers, de Henri Barbusse (No. 14). También dos ensayos de Andre Maurois publicados en 1928 en la revista Nouvelle Revue Francaise: "Voyage au pays des Articoles" y "Bernard Quesnay". Y el de Luc Durtain "L´Autre Europe". Asimismo, en torno a los poetas Charles Vildrac y Guy Charles (No 16) y "La vie prodigieuse d´Honoré de Balzac" de Rene Benjamin (No. 22).

Después de la muerte de Mariátegui y de la desaparición de la revista Amauta, se abre un período signado por la convulsión social y la Segunda Guerra Mundial. Y, podríamos decir que hasta 1988(22), no figuraba ninguna escritora de relieve en el Perú. Tampoco existen personajes femeninos históricos o autobiográficos. La tendencia que ha prevalecido de buscar personalidades históricamente consagradas para que sirvan de personajes de las novelas, no tiene ejemplos en la literatura peruana. Esta notable ausencia de escritoras en el ámbito artístico literario tiene varias explicaciones sociológicas e históricas que no son materia de este trabajo, aunque un aspecto determinante es su exclusión del conocimiento y la educación, lo que a su vez, guarda relación con los vínculos que mantiene la producción femenina con su entorno y la ideología dominante(23)

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Pero, la presencia de Laura Riesco y su novela Ximena de dos caminos (24) publicada en 1994, marca el inicio de un movimiento en permanente ascenso y que cuenta ya con varias destacadas escritoras(25). Lo más interesante de esta novelas es la presencia de un yo literario femenino y una afirmación de su identidad y su voluntad de ser.

Ya en 1978, Riesco había publicado El truco de los ojos, novela de regular interés que pasó desapercibida para la crítica. En cambio, con Ximena de dos caminos (1994), demostró su notable capacidad narrativa y ser dueña de "un mundo creador claramente propio, hondo y complejo, capaz de dialogar (conservando su tono intransferible) con una masa textual copiosa y diversa" (26).

Uno de los méritos de la obra es que evoca la infancia desde la visión y perspectiva de una niña. Los laberintos de la infancia con sus cuartos luminosos y oscuros, plenos de fantasía y temor ante lo desconocido, convergen con la posición marginal de las mujeres determinada por la complejidad de la sociedad peruana. Ximena transita por este universo sorteando dificultades y retos en la exploración de su mundo interior, convirtiendo así la búsqueda de su propia identidad en el largo camino que deberá recorrer para lograr finalmente su liberación a través de la palabra. Liberación que se plantea en una sociedad dividida entre dos culturas, dos universos: el de los indios y el de los "blancos". Allí, no existe neutralidad posible, "hay, por el contrario, choque y oposición permanentes, contradicciones agudas, insalvables" (27)

Desde su infancia, Ximena tiene que enfrentarse a esta lucha donde pugna la lógica patriarcal del padre y la tradición oral de las mujeres indígenas que la cuidan y pueblan sus días de magia y melancolía. A Ximena la define el estupor, la permanente sorpresa que le causa el mundo de los mayores, pero también una gran voluntad de ser y de entender que tiene su propia conclusión al final del libro.

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Al contar sus recuerdos y aceptarlos, pero sobre todo al reconstruirlos para la escritura, Ximena ha iniciado una intensa exploración interna. El deseo de afirmación femenino se manifiesta aquí de manera particular en la creación literaria. "¿Será porque frente a las normas sociales, despliega una sabiduría y a veces la verdad sobre un universo reprimido, secreto, inconsciente?" (28)

"Escribir, en estos casos, - dice Laura Riesco - es un recorrido incierto por las sendas tortuosas del temor y el auto-reconocimiento. Con suerte, este proceso puede resultar una terapia sin garantías duraderas, pero que en momentos privilegiados levanta un peso de nosotras, y en algo libera" (29). Y para ello, la narradora se constituye en personaje y reta a Ximena a que relate aquellos recuerdos que más le duelen, para así arrancarse definitivamente la infancia y sus dolores a través de una escritura que se presenta como liberación. Solo entonces Ximena puede tomar el lápiz y contemplar el papel en blanco sabiendo que finalmente podrá escribir:

"Las rayas ligeramente azules le reclaman y ella comprende que no puede evadirse, que tiene que continuar y se concentra en la forma imperturbable de la próxima letra. Se agacha y se distancia de todo lo que la rodea, se agacha para volcarse en los signos que el difícil silabeo le dicta, borra, para volver a empezar. Y mientras Ximena se ausenta, las palabras, en su ir y venir de la vida a la muerte, de la muerte a la vida, van fijándose y llenando su primera página" (30)

Y, así como la escritora marroquí, Fátima Mernissi, al recordar su infancia en el Harén, también Ximena podrá exclamar: "Me bastaba con saber que mis posibilidades de ser feliz dependerían de mi habilidad con las palabras" (31)

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Notas

(1) Silvia Molloy. " Dos proyectos de vida: cuadernos de infancia de Norah Lange y el archipiélago de Victoria Ocampo", en: Femmes des Ameriques. France: Travaux de l'Université de Toulouse-Le Miral, 1986, p. 178

(2) José Carlos Mariátegui. Cartas de Italia. Lima: Empresa Editora Amauta, 1970, p. 222.

(3) Pedro Henríquez Ureña. "Las corrientes literarias en la América Hispánica". México: Fondo de Cultura Económica, 1964, p. 183.

(4) Sara Beatriz Guardia. Mujeres Peruanas. El otro lado de la historia. Lima: Imprenta Minerva, 1995 (3ª Edición)

(5) Elvira García y García. La mujer peruana a través de los siglos. Lima: Imprenta Americana, 1925, Tomo II, p. 13

(6) Teresa González de Fanning. "Las literatas" (Seudónimo: María de la Luz). En: Correo del Perú, Año VI, No. 40, Lima, 1 de octubre de 1876

(7) Sara Beatriz Guardia. Una conversación con Elena Poniatowska. En: Revista Quehacer. No. Lima, 1996

(8) Ventura García Calderón. Del romanticismo al Modernismo (Prosistas y Poetas Peruanos). París: Sociedad de Ediciones Literarias y Artísticas, 1912

(9) Mercedes Cabello de Carbonera. "Influencia de la mujer en la civilización". En: El Album, No 12. Lima, 8 de agosto de 1874, pp. 89-90

(10) Ibídem, No. 14, Lima, 22 de agosto de 1874, pp. 105-106

(11) Ibídem, pp. 105-106

(12) Ibídem. No 19. Lima, 3 de octubre de 1874

(13) Elsa Velarde. "Clorinda Matto de Turner y su obra". Arequipa: Tesis para optar el Grado de Bachiller en Humanidades. Universidad Nacional de San Agustín, Facultad de Letras, 1943, p. 18

(14) Augusto Tamayo Vargas. Literatura Peruana Lima: José Gondard, Editor, Tomo II, p. 701

(15) Clorinda Matto de Turner. Indole. Prólogo de Antonio Cornejo Polar. Lima: Instituto Nacional de Cultura, 1974, p. 31

(16) Antonio Cornejo Polar. "Clorinda Matto de Turner", en : Indole. Lima: Instituto Nacional de Cultura, 1974, p. 31

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(17) José Carlos Mariategui. 7 Ensayos de interpretación de la realidad peruana. En: Mariátegui Total. Lima: Empresa Editora Amauta. Tomo I. 1994, pp. 156-157

(18) Américo Ferrari. "La revista Amauta y las vanguardias poéticas peruanas". En: "Simposio Internacional Amauta y su Epoca". Lima: Editorial Minerva, 1998, p. 323

(19) Amauta, No. 4. Lima, diciembre de 1926, p. 11

(20) Virginia Woolf. Las mujeres y la Literatura. Barcelona: Editorial Lumen, 1979

(21) Amauta, No. 9. Lima, mayo de 1927, p. 33

(22) Roland Forgues. Palabra viva. Narradores. Lima: Ediciones Studium, 1988.

(23) Jacques Gilard. "Ser escritora en Colombia", en: Femmes des Ameriques. France, Université de Toulouse-Le Miral, 1986, p. 210

(24) Laura Riesco. Ximena de dos caminos. Lima: Peisa, 1994; 236 pp.

(25) Véase: Liliana Costa. Cuando todo iba bien. Madrid: Opera Prima, 1996; Gabriela de Ferrari. Gringa latina. Buenos Aires: Emece Editores, 1998

(26) Ricardo Gonzalez Vigil. "La gran novela de Laura Riesco". Lima. El Comercio, 22 de enero de 1995

(27) Antonio Cornejo Polar. "El sentido de la narrativa de Arguedas". En: Revista Peruana de Cultura. Nos.13-14 Lima, 1971

(28) Julia Kristeva. Las nuevas enfermedades del alma . Madrid: Ediciones Cátedra, 1995, pp. 201-202

(29) Discurso de Laura Riesco en la presentación de Ximena de dos caminos. Lima, 16 de diciembre de 1994

(30) Laura Riesco. Ximena de dos caminos. Lima: Peisa, 1996, p. 167

(31) Fátima Mernissi. Sueños en el umbral. Memorias de una niña del Harén. Barcelona: Muchnik Editores, 1995, p. 27

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