HISPANISTA - Vol XIII- 48 - Enero - Febrero - Marzo de 2012
Revista electrónica de los Hispanistas de Brasil - Fundada en abril de 2000
ISSN 1676-9058 ( español)
ISSN 1676-904X (portugués)
Editora general: Suely Reis Pinheiro

Alexis Márquez Rodríguez

 

   GENÉRICOS (1)
 

Hace tiempo que la Real Academia Española emitió su condena a la manía de duplicar la referencia al sexo de las personas, diciendo, por ejemplo, “los hombres y las mujeres”, “los alumnos y las alumnas”, “el presidente o la presidenta”, “los diputados y las diputadas”, etc.

En estos días, el académico Ignacio Bosque, autor, por cierto, del proyecto que sirvió de base para la “Nueva Gramática de la lengua española”, publicada hace poco más de un año, escribió un enjundioso artículo sobre el tema, y puso de relieve la torpeza de esa duplicación. Bosque da como ejemplo de dicha torpeza la Constitución venezolana vigente, donde no sólo se emplea tal duplicación, sino que se abusa de ella, y de ese modo se cae en el ridículo. Nuestra Constitución es hoy, ciertamente, motivo de burla en todo el mundo.

 Para evitar tal duplicidad, que es antiestética y entorpece la lectura, existen los llamados “genéricos”, ciertos vocablos que incluyen los dos sexos. Si decimos, por ejemplo, “El hombre es un ser mortal”, se sobreentiende “hombres y mujeres”. Igual si decimos “los venezolanos”, “los ciudadanos”, “los profesores”, “los jóvenes”, “los votantes”…

En muchas gramáticas he leído que estos “genéricos” son  palabras de género masculino. Es un error. Hay, por supuesto, “genéricos” que son masculinos, como los ejemplos propuestos. Pero hay también muchos que son femeninos: “la gente” supone hombres y mujeres; igual “la juventud”, “la infancia”, “la adolescencia”, “la multitud”, “la muchedumbre”, “la concurrencia”, “la burguesía”, “la oligarquía”, “la población”, “la fanaticada”, “la feligresía”, “las personas”… Quizás si se observa bien resulte  que los “genéricos” femeninos son más que los masculinos.

El rechazo al “genérico” se basa en creer que el uso de un vocablo masculino para referirse al mismo tiempo a hombres y mujeres es una discriminación sexual machista, denigrante contra las mujeres. Y hasta se dice que eso se debe a que la gramática fue hecha por los hombres, sin darse cuenta de que lo que llaman “la gramática” es hecha por todo el pueblo hablante, es decir, por hombres y mujeres conjuntamente. Los gramáticos, siempre tan calumniados y vapuleados, lo que hacen es  recoger y codificar los modos como la gente habla.


GENÉRICOS (2)
 

Quedó claro que los “genéricos” no son palabras de género masculino, como leemos en algunas gramáticas y como lo han dicho muchos gramáticos, porque los hay, y en abundancia, de género femenino. Igualmente hay “genéricos” en singular y en plural. Si decimos “el hombre es un ser racional” nos referimos a las personas de uno u otro sexo, de modo que no es necesario decir “los hombres y las mujeres”; del mismo modo, si decimos “los venezolanos son alegres” nos referimos por igual a venezolanos y venezolanas.

Los “genéricos” no fueron inventados por los gramáticos. Se trata de un fenómeno surgido en el  ejercicio mismo del lenguaje. Obedece a una cuestión práctica. El empleo del lenguaje supone una cierta comodidad y se aplica en ello la ley del menor esfuerzo.  En la expresión lingüística prevalece un principio de comodidad que nos induce a expresarnos de la manera más fácil y sencilla posible. Nada de esto ha sido inventado por los gramáticos, pues estos lo que han hecho es recoger del habla común y general estos fenómenos, y codificarlos en los textos de gramática. Aunque hay gramáticas que ponen énfasis en  lo normativo, la realidad es que la gramática es por  esencia mas bien descriptiva. Más que decirnos cómo debemos hablar, la gramática nos enseña cómo hablamos.

Últimamente ha sido notoria una tendencia a politizar el problema de los “genéricos”. Se ha  pretendido que la duplicación en la mención de los  géneros responde a una posición política revolucionaria, y lo contrario, el uso de los “genéricos”, se cuestiona como una posición derechista, propia de la burguesía y de la oligarquía. Craso error. En esto no  hay ningún elemento político. La condena de los “genéricos” ha venido de grupos e individualidades feministas a ultranza,  independientemente de la posición política o ideológica que tengan.